sábado, 24 de diciembre de 2011

SWEET HOME

Hogar dulce hogar.

La protección en el humilde

calor hogareño

de la convivencia.

En la casa construida

prefabricada, ya derruida

o quizá una mala construcción.

La familia numerosa

de la civilización

occidental y cristiana

con muchos hijos

que quieren llamar la atención

demostrando sus mejores armas,

lo mejor de ellos,

aunque saben que es vano

porque la estrella estelar

es el pequeño hermano menor

el protagonista de la ternura,

el protagonista de las culpas,

de la inocencia

de la sátira

un juguete de combate y rol

una futura sanguijuela,

criado,

destinado a ser un cuervo

entre cuervos

para desentrañar ojos.

Ellos

prefieren no salir

porque sienten

que el frío les apuñala la espalda

eligen estar entre rejas,

encarcelados,

porque afuera

esta repleto de extraños

que pueden robarle

toda seguridad y confianza.

Y la sabia abuela?

la única que sobrevivió

la que quedo sin opciones

resignada a vivir,

y sus nietos a tratar

de comprenderla

o tolerarla.

Tan solo quedan

las mascotas

que los abastecen

con momentos de alegría y unión,

que les recuerda el aprecio

y el amor servido

por el sacrificio

de una madre y un padre

-ese que ya no esta,

el que ha dejado

enseñanzas y angustias-.

¿Hay algo más interesante

que la familia unida?

De las discusiones

a los abrazos:

la bella sincronía.

Parientes que se conocen

de memoria al esfuerzo

u obligación,

otros que no se quieren conocer

y los que quizá

no se conozcan nunca.

Pendientes de los días

tanto festivos

como irritantes

gracias a la presión

de nuestra expentante,

que da o quita

lo justo y necesario,

la carroñera sociedad.

Y si no se elige

a la familia

es porque el destino

quiere ponernos

frente a frente

de nuestros mismos defectos.

La mirada, la experiencia

desde un auténtico:

Hogar dulce hogar.

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