La perversidad no tiene límites
excepto, claro, cuando el perverso
decide inventar las reglas evanescentes.
Un golpe en el alma
es peor que cualquier golpe físico
y sobre todo porque tarda mucho más en curarse,
si es que realmente tiene una cura.
Es ahí cuando me convierto
en la sustancia más venenosa
a veces soy demasiado para cualquiera
que se cruce en mi camino.
Soy el infierno y el paraíso
no tengo escapatoria
de este amor tan violento
la dualidad extrema en un solo mundo
una guerra entre la voluntad
y la comodidad.
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